Son las 12:30 de la mañana de un día lluvioso de finales de setiembre, de esos días tan típicos por lo que es conocida esta tierra de montes y verdes pastos.
Me asomo a la ventana y veo pasar un camión, y otro, y otro más, y así cientos y cientos de ellos. Alguna vez se suele colar algún que otro coche, pero es incesante la ida y venida de vehículos.
Me vuelvo a asomar a la ventana y veo pasar el tren. No se a donde va ni de donde viene, pero cuando lorenzo está en pleno apogeo nos deslumbra el reflejo de sus cristales.
Me asomo a la ventana y veo pasar un pelotón de ciclistas, sin miedo a que la UCI (unión de ciclistas internacional) les haga por sorpresa un control antidoping.
Me asomo a la ventana y veo un contenedor verde, allí, impasible al paso del tiempo y a la climatología.
Me asomo a la ventana y una señora a la que le falta algún hervor que otro me saluda con la mano esbozando una sonrisa de lado a lado de su arrugada cara.
Son la una de la tarde de este lluvioso día y por última vez me vuelvo a asomar a la ventana, que larga se me ha hecho esta última media hora, ahora a papear y a las 14:30 me volveré a asomar a la ventana.
* Dedicado a tod@ los currelas y estudiantes.